Aspprodigital

Text size
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Los despidos en Univisión, o los caminos de la solidaridad

Correo electrónico Imprimir PDF

Me levanté llorando, igual que me acosté. Esta es la tercera ocasión que me toca despedir a mis compañeros de trabajo en una situación similar. Será porque estoy más vieja, más consciente, más sensible pero este fue un momento especialmente doloroso.

Para los que estamos acá abajo y no padecemos la ambición desmedida de los que nos contratan, siempre tenemos alguna solución más generosa que la de tirar a la calle a padres y madres de familia.

Estoy pesimista (alguien dijo que un pesimista es un optimista bien informado). Creo que tengo demasiada información. Este es el peor tiempo para buscar empleo. En las otras ocasiones en que se dieron los despidos en masa les decía a mis amigos que pronto encontrarían trabajo, talento y ganas no le faltaban, a estos tampoco, pero la situación es distinta. Los otros también están botando gente.


Univision se apegó a la letra del convenio -¿por qué será que a la hora de despedir empleados el convenio adquiere para ellos un valor inconmensurable?- y la Upagra se encargó de que así fuera.

Los rumores se escuchaban desde hacía tiempo hasta que nos dejaron sordos. Pero nadie nos informó oficialmente de nada. Ni el patrono ni la unión. Los comentarios de pasillo confirmaban que una reunión importante se celebraba en el quinto piso, nada bueno debía ocurrir cuando a los representantes del gremio se les había permitido llegar tan alto. La angustia comenzó a correr entre todos. Una que otra llamada furtiva de "fuentes confiables" aseguraron que los despidos venían. Hasta que se recibió la primera llamada al celular de un compañero. "Sube un momento a la oficina de Larry", fue el mensaje.

Bajó con un sobre manila en la mano y la cara descompuesta. De ahí en adelante el sobre fue el aviso del despido. El llanto y los abrazos sellaban la partida. El viernes Cyd Marie no salió a almorzar, y lo comento porque para ella ese tiempo es sagrado, se puede caer el mundo y Cyd siempre se va a su almuerzo. En esta ocasión nos quedamos todos, aunque algunos sospechábamos que aún no había llegado nuestro tiempo... ya llegará.

Fueron llamando con diferencia de veinte minutos a los que estaban en la fatídica lista del patrono. Pero todos ignorábamos quién era el próximo. Pueden imaginar cuánta desesperación provocó eso. A los que les llegó el momento de concluir su turno optaron por quedarse para evitar que la llamada los cogiera camino a su casa. Al final despidieron a 30. La mayoría en el departamento de noticias. La resaca se llevó también a uno que otro gerencial.

Víctor Fernández, nuestro delegado sindical, acompañó a cada uno de los despedidos en el duro proceso de recibir su carta de despido. Tanto el abogado de la unión como del patrono le dijeron que no era necesario que estuviera pero él insistió. Para todos significó mucho su presencia durante esa breve y devastadora reunión. Los que nunca estuvieron fueron los oficiales de la Upagra. Ellos actuando como buenos burócratas, se aseguraron de que el patrono cumplía con lo establecido y se retiraron. Jamás dieron la cara, jamás pasaron por el departamento de noticias para dejarnos saber qué pasaría, jamás nos expresaron su solidaridad ni su apoyo en ese tiempo tan difícil. Nuestras cuotas no dan para tanto.